Tras un año sin hogar, Osei había conseguido un empleo en un restaurante. El coronavirus desbarató la oportunidad y ha alterado todavía más su precaria situación
Lo único que preguntó Osei cuando pudo comprarse hace diez días el móvil más barato –30 euros– que vendían en una tienda del barrio, es si tenía radio. Osei D., de 42 años, nacido en Ghana, quería estar informado sobre la crisis del coronavirus, y sobre cómo iba a cambiarle la vida. Tras más de un año malviviendo en un parque del Eixample Izquierdo de Barcelona, por mediación de un vecino había conseguido un trabajo a partir de Semana Santa, como ayudante de cocina en un restaurante de la Costa Brava. La epidemia ha cerrado el restaurante y su oportunidad para salir del pozo se ha esfumado.